Nada más interesante que seguir, a través de todas las vicisitudes,ese largo progreso de las costumbres y de las leyes,que ha sacado a la mujer de la más abyecta esclavitud,para elevarla lentamente hasta los confines de la igualdad civil.
Tres grandes acontecimientos ejercieron desde el principio una influencia decisiva sobre el desenvolvimiento de la condición de la mujer; la organización de la familia, la creación de los Estados y el advimiento del cristianismo.
Remontandonos más allá de los tiempor historicos,se llega á un momento en que la familia no está aún constituida . Entre las tribus nómadas del Africa era desconocido el matrimonio, y estas mismas costumbres salvaje se encontraban tambien a orillas del Euxino y en las inmensas llanuras de la Scitia . Grecia é Italia conservaron igualmente en sus tradiciones el recuerdo de un estado de proniscuidad anterior al matrimonio. Segun Clearco,Cecrops fué el primero que en Aténas unió el hombre á la mujer,imponiendoles una fidelidad mutua.
La mayor parte de los textos antiguos nos representan a la mujer como independiente del hombre, y aun á veces más poderosa que él . Ninguna autoridad pesa sobre élla; los hijos le pertenecen, y por ella se cuentan las generaciones.
Al constituirse la familia, transformóse completamente la condición de la mujer, formando parte de ella, la mujer abdicó su independencia, adquiriendo, en cambio, una dignidad moral que no habia tenido hasta entónces; mas para que se comprenda su posicion en la familia primitiva, es necesario decir lo que era esta familia.
El padre ejercia un poder absoluto; en ausencia de todo poder público, él era el unico legislador, el único juez, el único sacerdote, y las mujeres, los niños, los esclavos, todos se hallaban sujetos á la misma condición, porque delante del padre todos carecian de derechos. El marido adquiria su mujer como se adquiere una esclava: comprendola.
El matrimonio consistia en una compra, cuyo precio se pagaba al padre, una vez comprada la mujer, el marido podia venderla, asi como adquirir otras muchas, y este poder, ilimitado, absoluto, conducia necesariamente a la poligamia.
"Entre los antiguos romanos, dice Casalés, la mujer era hermana de los hijos del marido". No siendo la mujer más dueña de su persona que una esclava, no podia poseer ningun bien. La mujer, por último, era propiedad del marido, y debia, a la muerte de éste, formar parte de su sucesión y pasar a sus herederos. Si el marido dejaba hijos, la viuda se hallaba entónces bajo la férula del mayor de ellos; y si el esposo moria sin posteridad, el padre, el hermano ó el tio podian, a su capricho, ó vender la viuda á un nuevo marido, ó tomarla como mujer, a fin de dar posteridad a la familia.
Este poder de los herederos del marido sobre la mujer se ha transformado posteriormente, en Europa, en una simple tutela; mas en Oriente y entre las tribus de Africa y de la America se ha conservado con su rudeza primitiva.
El cristianismo, más que ningun otro acontecimiento de la historia, fijo definitivamente la posición de la mujer en la sociedad. Hizo su papel más dulce y más simpatico, ennobleció su misión al lado del hombre é hizo su influencia tan benéfica y tan necesaria al mismo tiempo, que la mujer, sin quererlo, sin notarlo tal vez, marca hoy un impulso poderoso al encauzamiento de las costumbres y el perfeccionamiento de la sociedad.
La mujer, dignificada por el cristianismo, es hoy, como ántes, sacerdotisa y reina; pero su ara es el corazón y su cetro gobierna con dulce y bienhechor despotismo el mundo moral.